Juan Esteban Montero: 1931

El día 28 de julio de 1931 el Congreso declaraba vacante el cargo de Presidente de la República luego de la partida de Carlos Ibáñez al exilio. De esta manera, se nombró como vicepresidente a Juan Esteban Montero, quien vino a encarnar y representar las esperanzas de quines querían ver en Chile un nuevo régimen constitucional.

Con el fin de organizar su campaña presidencial, Montero entregó el cargo que ostentaba a Manuel Trucco, Ministro del Interior hasta ese entonces. El nuevo vicepresidente debió enfrentar un grave problema con los marinos, ya que como consecuencia de las reducciones salariales que se habían anunciado, los marinos de los buques de guerra que se encontraban en el puerto de Coquimbo tomaron presos a sus oficiales y realizaron una serie de demandas, algunas de tipo revolucionarias y otras de tipo profesional. Además de este alzamiento se sumaron motines en la base naval de Talcahuano, la base aérea de Quintero y la escuela de comunicaciones de la Marina en Las Salinas.

El 6 de septiembre un ataque aéreo trató de intimidar a los rebeldes que permanecían en Coquimbo, lo que significó el desplazamiento de los barcos hacia Valparaíso y la posterior rendición de lo sublevados.

A pesar de que Juan Esteban Montero ganó las elecciones de 1931 con un 64% de las votaciones, era muy poco lo que podía hacer para calmar la tensa situación por la cual atravesaba el país, ya que a modo de ejemplo, en diciembre de ese año un grupo de comunistas trató de tomar los cuarteles de La Esmeralda en Copiapó, a lo cual respondieron los carabineros de Vallenar dinamitando la sede comunal del partido en esa ciudad, matando a algunos de ellos.

El Chile que empezaba a gobernar Montero se encontraba bajo una grave crisis económica: en primer lugar, existía una significativa escasez de circulante, el que presentaba un nivel de contracción del 40%, lo que significó una importante baja en los precios al consumidor. Además, el problema del desempleo motivó al Gobierno a crear un Comité de Ayuda a los Cesantes, el que entregaba comida y alojamiento. También, se impulsó una reducción de los arriendos  en un 20%, y de las contribuciones en un 80%. Gracias a todas estas medidas el país logró cerrar el año 1931 con un saldo positivos en la balanza comercial, pero esto no fue suficiente ya que se seguía sin percibir ingresos, situación que motivó a Montero a pedir dinero prestado al Banco Central.

Junto a los problemas económicos del nuevo gobierno estaban siempre presentes los complots para derrocar al gobierno. Por lo menos tres complots pro-Ibáñez fueron descubiertos en los primeros meses de 1932, destacando uno de ellos que sería el que acabaría con el gobierno de Montero.

A comienzos de 1932 el periodista y diplomático Carlos Dávila se juntó con algunos oficiales ibañistas, el Comodoro del Aire Marmaduque Grove y con el abogado socialista Eugenio Matte para elaborar una conspiración que derrocara al gobierno. El 4 de junio aviones de la base aérea de El Bosque sobrevolaron La Moneda lanzando panfletos y atemorizando a las personas. Montero reaccionó frente a lo que era un inminente golpe de Estado, para lo cual se dirigió a Arturo Alessandri en búsqueda de un consejo. Alessandri fue a la base de El Bosque para dialogar con Grove [1], y una vez que volvió a La Moneda a contarle a Montero lo tratado con Grove, le señaló al Presidente que no existía forma de resistir el golpe. Finalmente, esa noche un batallón de soldados se tomó el palacio de gobierno poniendo fin al frustrado intento de Montero por restaurar el orden y la prosperidad en el Chile post crisis de 1929.

[1] Grove señala que Alessandri habría impulsado la rebelión  con las palabras “¡No afloje, coronel!”, palabras que Alessandri desmentiría posteriormente.

(Material preparado a partir de la Historia de Chile, 1891-1073, Vol. 5, De la República Socialista al Frente Popular (Editorial Zig-Zag), de Gonzalo Vial y la Historia de Chile 1808-1994 (Editorial Cambridge), de Simon Collier).

La República Socialista: 1932

La República Socialista de los 12 días Grove, Matte y Dávila  

Los revolucionarios que encabezaron la caída de Montero proclamaron la “República Socialista de Chile”, y crearon una Junta formada por Dávila, Matte y el general Arturo Puga, mientras que Grove asumió el Ministerio de Defensa. En sus primeros pasos, la Junta declaró el fracaso de la economía liberal en Chile, por lo que el Estado debería asumir un fuerte papel directivo en materias económicas; además, procedieron a disolver el Congreso, declararon un feriado bancario de tres días, seguido de estrictos controles en el retiro de dinero. También, suspendieron los desalojos de las propiedades de baja rentabilidad y ordenaron que la Caja de Crédito Popular (creada en 1920 con el fin de servir de banco de ahorro y préstamo para las personas de escasos recursos) devolviera la ropa y las herramientas a la gente que habían empeñado sus pertenencias en ese lugar. La Junta duró sólo doce días a cusa de las grandes ambiciones de Dávila, personaje que el día 16 de junio tomó La Moneda con el respaldo del Ejército y desterró a Matte y a Grove a la Isla de Pascua.

Luego de unos días, declaró el estado de sitio en el país y censuró de manera estricta a la prensa. El 6 de julio de 1932, y mientras se rumoreaba que Dávila estaría preparando el camino para una vuelta de Ibáñez, el ex presidente llegó a Santiago para dialogar con Dávila y algunos jefes militares. Una vez que Ibáñez comprobó que el Ejército en su gran mayoría no estaba dispuesto a apoyarlo, se regresó a Buenos Aires y Dávila se proclamó presidente provisional de La República Socialista el día 8 de julio.

El nuevo presidente trató de llevar adelante sus planes de reorganización de la economía chilena con un marcado sentido estatista. En su visión el país debía estar formado por una serie de grandes corporaciones públicas que controlaran y manejaran la agricultura, la industria, la minería, el comercio exterior y el transporte, y estando todo coordinado por un Consejo Económico Nacional, lo cual en la práctica era solo una ilusión. Uno, o el principal problema de Carlos Dávila era su falta de apoyo político, salvo el que tenía en el Ejército, el que tampoco lo apoyaba en su totalidad. Los “Cien días de Dávila” y de la “República Socialista” llegaron a su fin de manera abrupta el 13 de septiembre, debiendo ceder el presidente a la intervención ya habitual en la época de sectores militares. Carlos Dávila dejó la presidencia provisional que ostentaba en manos del general ibañista Bartolomé Blanche, el cual llamó a elecciones parlamentarias y presidencial, programadas para el 30 de octubre.

En esta época los militares se estaban volviendo muy impopulares, lo que motivó que muchas personas sintieran la necesidad de volver a establecer un gobierno civil. Debido a esto, en Antofagasta un grupo de líderes civiles convencieron al comandante militar local para que se pronunciara a favor de un gobierno civil, a lo cual el general Blanche respondió enviando un destructor a bloquear el puerto de Antofagasta. Lamentablemente para Blanche el movimiento estaba cobrando fuerza en otras ciudades, especialmente en Concepción, lo que se transformó en una presión suficiente para que el general se viera obligado a dejar el poder en manos del Presidente de la Corte Suprema Abraham Oyanedel.

Durante este turbulento tiempo se organizaron las candidaturas presidenciales, teniendo cada grupo de partidos su candidato. Los radicales, demócratas y algunas facciones del liberalismo levantaron la candidatura de Arturo Alessandri Palma; los conservadores levantaron a Héctor Rodríguez de la Sotta; los liberales democráticos y diversos núcleos de independientes proclamaron como candidato a Enrique Zañartu Prieto; la NAP y los socialistas en general levantaron la candidatura de Marmaduke Grove; finalmente, los comunistas llevaron como candidato a Elías Laffertte. El día 30 de octubre de 1932 votaron 342.990 electores, que dividieron sus preferencias en la siguiente forma: Arturo Alessandri Palma 187.914 votos. Héctor Rodríguez de la Sotta 47.207 votos. Enrique Zañartu 42.885 votos. Marmaduke Grove 60.856 votos. Elías Lafertte 4.128 votos. De esta manera Alessandri obtuvo el 54% de los votos, la primera mayoría en una elección con cinco candidatos, seguido de un sorpresivo 18% de Grove.

Lo importante de esta elección es el hecho de que Alessandri ganó la elección con un discurso conservador, llamando al orden público y a la lucha contra la anarquía, lo que refleja su habilidad política para adecuarse a la realidad del momento y mostrándose distinto a lo que fue allá por el año 1920, cuando con un discurso fuertemente reformista y apoyándose en la clase media y en su “querida chusma” llamaba a combatir a la “canalla dorada” y a establecer en Chile una legislación social más avanzada. Otro aspecto significativo de esta elección es el segundo lugar obtenido por Grove, lo que motivará a que los grupos socialistas dispersos que lo apoyaban piensen de manera seria la posibilidad de constituirse como partido político, ya que se han dado cuenta de que unidos y organizados pueden obtener en el futuro grandes logros.

(Material preparado a partir de la Historia de Chile, 1891-1073, Vol. 5, De la República Socialista al Frente Popular (Editorial Zig-Zag), de Gonzalo Vial y la Historia de Chile 1808-1994 (Editorial Cambridge), de Simon Collier).